Los gobiernos y las organizaciones públicas enfrentan hoy numerosos desafíos. Estos retos, vinculados a lo que ha dado en llamarse la sociedad exponencial (Oszlak 2019), se caracterizan por la vertiginosidad de los cambios, la vinculación en redes, la digitalización y el desarrollo tecnológico, la transformación de la economía y del empleo, la pobreza y fragmentación creciente, la sostenibilidad, entre otros. Este contexto, al decir de Carles Ramio está poniendo en duda no sólo las capacidades públicas para afrontarlo y producir políticas de calidad sino la propia capacidad de supervivencia de los estados.

Esto pone el foco en la innovación pública, la necesidad y capacidades para producir innovación. Si todo cambia y de un modo vertiginoso, ¿podrían las organizaciones públicas no cambiar? ¿Pueden ser capaces haciendo lo mismo que siempre? ¿siguiendo las mismas normas, rutinas y prestando los mismos servicios?. La necesidad de innovación pública se constituye en un tema central y estratégico. Las iniciativas de gobierno abierto, y sobre todo los laboratorios han contribuido significativamente en este sentido. Sin embargo, es posible reconocer trabajos relevantes y múltiples iniciativas de innovación a nivel internacional ya desde los 90. Esto sin que se verificaran resultados innovadores sostenidos y menos aún la concreción de un entorno innovador en el sector público. Es interesante en este sentido el artículo de Oszlak de 2003 ¿Escasez de recursos o escasez de innovación?: la reforma estatal argentina en las últimas dos décadas.

En la actualidad es tema central de agenda de organismos internacionales, como la OCDE, la OGP, el CLAD en América Latina, y de múltiples foros y redes de debate. El CLAD, en la Carta Iberoamericana del Gobierno Abierto de 2016 plantea la necesidad de “promover nuevos enfoques, metodologías y prácticas para potenciar y fortalecer la innovación al interior de las instituciones públicas y favorecer la colaboración con otros actores de la sociedad, el sector privado, las organizaciones del tercer sector, entre otros. Esto supone reconocer las capacidades disponibles en la propia sociedad y los beneficios que estos pueden aportar en el diseño e implementación de políticas públicas, dejando atrás el enfoque de una ciudadanía receptora pasiva de acciones institucionales, para convertirse en protagonista y productora de sus propias soluciones.”


El curso se vincula con el área temática No. 6 "Innovación en la Administración Pública" y No. 11 "Gobierno y/o Estado Abierto" del Programa Académico Regional 2019-2020 de la #EscuelaCLAD.El curso se vincula con los objetivos No. 16 "Promover sociedades, justas, pacíficas e inclusivas” de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 de las Naciones Unidas